Lo que aprendo de mis perros

Como te he contado algunas veces, el inicio de mi convivencia con más de 2 perros fue un poco una locura. Claro que no solo era yo con 3 perros, también éramos 2 humanos que comenzábamos a convivir; vamos, fuimos 5 individuos conviviendo juntos, con sus manías y virtudes.

Dos de mis 3 perros se peleaban a la hora de compartir recursos; ¿juguetes? Pelea, ¿cama? Pelea, ¿caricias? Pelea, ¿comida? ¡Ni pensarlo!
Con todos mis conocimientos y práctica con los perros apliqué mil y una técnicas sin llegar a funcionar, la tensión en casa aumentaba, las peleas ya no eran solo entre perros sino también entre humanos, hasta se llegó a plantear deshacer la convivencia por falta de comprensión, aunque fuimos insistentes y aprendimos de lo sucedido.

No me voy a enrollar mas contándote mi vida porque quiero hablarte de perros, y lo que te voy a contar es todo lo que aprendí (y sigo aprendiendo) de mis perros Poncho, Abril y Pecas.

Abril des del principio necesitaba constancia, presencia, saber que estábamos ahí para superar sus inseguridades, ella me enseñó a estar presente, a dedicarme y responsabilizarme, ya no del otro, sino de mi misma, mis actos y mis decisiones, además de cuidar del otro, por un bien común desde el amor, no por necesidad de nadie. Abril ha sufrido traumas que la han llevado a ser insegura en ciertas situaciones y nos ha hecho saber lo que necesitaba de nosotros, que necesitábamos simplemente aceptar como es y aceptar su forma de gestionar o aprender a gestionar situaciones que se le van un poco ‘de las manos’.
Aceptar, esta es la verdadera lección creo. Ya no intentar cambiarla para que sea más segura, para que gestione a la perfección las situaciones que Pecas o Poncho son capaces y ella no, siempre apoyándola, acompañándola en su camino; Sencillamente, ACEPTACIÓN.

Pecas llegó y la verdad que vino casi por necesidad, ella ya sufría situaciones de agresividad con otros perros incluso en ocasiones con humanos también. Sentía una especie de carencia que la representaba siendo agresiva e impulsiva. Necesitaba tiempo y espacio para conocerse ella misma, aunque resultó difícil en un principio siendo tantos en casa. Sin duda ella me enseñó respeto, ¡quién lo iba a decir! Ella que al mínimo espacio reducido se le cruzaba el cable y enganchaba lo primero que se le ponía delante. Pero esto me hizo ver que igual que ella necesitaba su espacio, los demás necesitábamos aprender a respetar estos mismos. Sinceramente, hasta que no dejamos de hablar por hablar, de mandar por mandar, y comenzamos simplemente a dejar que cada uno hiciese lo que necesitase en cada momento, no nos sentimos liberados; ni ella ni nosotros. Así que de ella he aprendido a respetar al otro, a poner mis propios límites para con el resto y hacer que se respeten de manera amable pero firme, sin perjudicar al otro. Ser nosotros mismos, respetar y ser respetados.

Te hablo de Poncho si te hablo de paz, de recomponerse, de serenidad y superación. No tengo más que palabras de calma y bondad para expresar lo que nos enseña cada día. Él es silencioso (cuando ha de serlo), serio, podría pasar desapercibido pero la verdad es que cualquiera que lo ve siente su gran presencia, que se amplifica cuando te mira a los ojos. Su mirada te cura, de verdad. Lo que siempre decimos que son problemas de conducta, con él siempre ha sido más fácil, ha hecho algún que otro destrozo en casa, pero es tan pasivo que es una de sus formas de hacerse notar, la verdad. Aunque es cabezón como solo él sabe serlo, su corazón inmenso lo arregla todo. Estoy segura que algún día te contaré en profundidad su historia.
Poncho me ha enseñado a ser paciente, a vivir el tiempo presente y recomponerme, todo a su tiempo, sin prisas. Aunque su implicación parece que es la más pasiva, su actuación siempre es en el momento justo, y esto hace ver que nos preocupamos de más por cualquier asunto, eso de que hacemos una montaña de un grano de arena. Poncho me enseña que un problema no es más que una situación de la que aprender y superarte a ti mismo, siempre desde la calma y la paz.

Siempre que escribo de perros deseo expresar la sensibilidad que me da rodearme de todos ellos, pero especialmente si hablo de mis perros mi sensibilidad aumenta y a veces no me salen las palabras, tanto que me gusta escribir, cuando hablo de ellos siento tan fuerte y tan profundo que a veces me cuesta expresarlo en letras y palabras.

Cuando empezó mi historia con Poncho, Abril y Pecas jamás imaginé que hoy estaríamos en este punto, ya no de aprender el uno del otro, sino además de enseñar todo lo que hemos aprendido con los años. Nosotros ahora somos una familia feliz (he de confesarte que en un momento no lo fuimos), solucionamos nuestros conflictos cuando toca, como sabemos y podemos, todos nosotros estamos ahí para el otro. Ahora Poncho, Abril y Pecas son grandes ‘hermanos’ y son un gran equipo, somos un gran equipo.

Estoy segura que si nos ponemos, todos sacamos alguna lección de la vida con perro, por eso me encantará conocer vuestra historia en los comentarios.

 

Gracias
Elena | Dogsanimal

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