Los límites en la convivencia

¡Hola!

Llevo días sin explicarte ejercicios concretos para que puedas trabajarlos en casa; las ultimas entradas han sido más para interiorizar todo lo que sabemos y queremos de nuestros perros, para pararse a observar y conocer en lugar de tanto ejercicio.

Para poder aplicar los ejercicios y que nos resulten de gran valor en nuestra convivencia, antes necesitamos parar, descansar y respirar para coger fuerzas, por eso te enlazo al de la semana pasada en el que te hablo del cambio de percepción involuntario que nos trae el simple hecho de compartir nuestra vida con un perro, te dejo el enlace a la entrada Transición, para que la leas antes de ponerte a la acción con la entrada de hoy.

Seguro que desde que decidiste que ibas a compartir tu vida con un perro has escuchado consejos de todo tipo sobre lo que es o lo que ‘debe ser’ vivir con un perro, consejos tipo: No le dejes subir al sofá, que vaya a tu lado en el paseo, no le des comida de casa o se acostumbra… Pues bien, respecto a los mil consejos que recibimos lo primero que te digo es que ninguno es verdad del todo ni tampoco una mentira absoluta, quiero decir que, cuida a tu perro de la mejor manera que sepas, de manera que, tu perro y tu seáis felices y punto.

Ahora bien, ¿tu perro necesita límites?
Lo cierto es que sí, necesita comprender y respetar ciertos límites personales que marcamos cada miembro de la familia, necesita entender estos límites porque esto le facilita el modo de comprender la convivencia con humanos y a la vez, le ofrece la libertad de expresar sus propios límites, que te recuerdo, los demás también respetaremos.
Además, existe una entrada en el blog en la que te explico el porqué de estos límites y como se enfrentan a ellos, por eso hoy me centraré en explicarte 2 ejercicios básicos que, con estos, podrás aplicar e introducir los límites que más convienen a vuestra vida.

  • Respetar nuestro espacio personal:

Seguro has estado con algún perro que su modo de presentación es lanzarse encima del otro. Puede ser gracioso, pero a la vez está siendo invasivo y siempre podemos encontrar a alguien (perro o humano) a quién incomode esto.

 Frente a esto, practicaremos este ejercicio en casa: nos mantenemos de pie, y en cuanto nuestro perro esté delante de nosotros, en frente, tan cerca que nos resulta incluso incómodo mirarle a los ojo, en este momento utilizaremos nuestro cuerpo para apartarlo de modo que nuestro perro se mantenga, al menos, a un pasito de distancia.
¡Claro! Sé que esto no te va a salir a la primera, pero repítelo varias veces. Te habrás dado cuenta que no te he dicho que grites, que hables, ni que utilices ningún premio material.

Pídele tu espacio utilizando tus brazos o tus piernas (1 pasito adelante aprox.), vuelve a repetir y… ¡gracias! Nuestro afecto es el mejor motivador que necesitan para introducir ejercicios que nos van a beneficiar a ambos en la convivencia.

  • No entrar o salir de una habitación:

Cuando vivimos con perro nuestro hogar se vuelve tan nuestro como de nuestro querido perro, aunque en ciertas situaciones o por alguna circunstancia, puede que necesiten entender que no es momento para entrar en una habitación o que necesitemos pedirles salir de ésta.

¿Cómo lo hacemos? Te explicare una de las muchas maneras en que podríamos trabajarlo.
Para esto, entraremos al lugar y le pediremos que nos acompañe, nuestra mano actuará como guía para que nos siga hasta fuera de la habitación mientras le decimos ‘fuera’, y esperamos su respuesta. Lo que buscamos en este ejercicio es que entienda que le estamos pidiendo salir, y le daremos las gracias en el momento que se mantenga fuera de la habitación.
Es un ejercicio que si lo integramos en nuestro día a día nos va a resultar fácil y además muy útil. Como te he dicho, existen muchas formas de explicar este mismo ejercicio a nuestros perros, así que si esta en concreto no te sirve, no te cortes y pregúntame.

He querido explicarte solamente estos dos ejercicios porque a mí me resultan realmente útiles en mi día a día, tanto en casa como en el trabajo con mis alumnos.

Aprender a respetar estos espacios nos ayuda a prestarnos más atención el uno al otro, favorece nuestra relación y además, estas cositas nuevas que trabajamos, al final son lo que necesitan nuestros perros de nosotros. Cosas nuevas, divertidas, en las que formemos parte de la acción y ellos estén involucrados.

Por una parte, el primer ejercicio nos ayudará cuando vienen visitas a casa, si nuestro perro es de los que necesita saludar, aprender a respetar nuestro espacio personal mejorará estas presentaciones y no necesitará estar siempre pegado a nosotros, con lo que favorece también su propia autonomía. Por otro lado, combinando el primer y segundo ejercicio, nos ayudará por ejemplo cuando entramos a casa cargadas con la compra y nuestros perros necesitan saber qué traemos de nuevo, en estos momentos les pediremos este espacio personal si nos sentimos invadidos y a la entrada a la cocina, los podremos mantener fuera mientras organizamos todo, o también, como ejemplo, si nos viene a visitar algún conocido a quién no le gustan todavía los perros.
Respetar estos espacios, tanto personales como en estancias de casa, en absoluto les restringe el paso por la casa de forma general, sino que, de manera puntual, son normas que podemos aplicar para facilitar momentos cotidianos concretos.

Me encantaría que me contases en los comentarios si te ha resultado útil la entrada de hoy. Me encanta cuando me contáis que lo practicáis en casa y conocer la respuesta de vuestros perros.

Además, me pregunto si quizás hay algún tema concreto en el que estés interesado y te gustaría preguntarme, así podría escribirte en el blog sobre ese tema porque seguro ayuda también a muchas más personas.

(En la foto, Black y Rubia, los dos cuidan desde el cielo a mi amiga Pepa, que tanto los cuidó, los amó y los tiene en su recuerdo)

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