Mis perros: aprendizaje intenso y continuo

¡Hola!
En este último día del año he necesitado escribirte de mis perros, mis maestros incondicionales y mis compañeros de vida. Jamás he sentido tanta admiración por nadie, tanto amor… tanta intensidad. Con ellos he aprendido a ser, a vivir y a sentir. Jamás he conocido a nadie tanto ni tan bien como a mis perros, y aún así me siguen sorprendiendo y fascinando cada día.
Este año he aprendido a prestar más atención que nunca y hemos aprendido, todos juntos, a expresarnos tal como somos y tal como nos sentimos, a sentirnos más unidos que nunca y que, si algo pasa, los demás estamos aquí para sostener y apoyar. El poder del grupo, del trabajo en equipo, de la familia.

Pecas, siempre tan insistente, tan ‘sabueso’, cabezota y tan tan tan… tan ella misma, que en años atrás nos llevó de cabeza, hasta el pensamiento de ‘no puedo, tiro la toalla’. Este año y cada vez más me sorprende con la seguridad que tiene de ella misma. Sinceramente, creo que se siente tan segura de ella misma que le cuesta bien poco confiar en los demás, aunque cierto es que no confía en cualquiera. Si quiere algo, sabe que lo quiere y va a por ello y que el apoyo de la familia es importante para ello. Quien tiene el gran placer de conocerla bien sabe que siempre se sale con la suya, bien porque es tozuda y no hay barrera que la frene o bien porque es una manipuladora innata (no lo digo solo yo, sus hermanos Poncho y Abril también están deacuerdo).
Ella misma, que hace años su principal recurso era la agresión y ahora es la animadora y pacificadora allá donde va. Eso sí, si dice que no, es que no, ella lo tiene muy claro. Su primo Oliver le ayudo mucho a ser la perra que es hoy.

Poncho, el nuevo Poncho. Puedes creerte que es un señor mayor pero qué va, es un jovenazo y su energía serena y bondadosa no cabe en espacios cerrados. Es tímido, muy pocas personas o animales lo conocen tal como es, solo cómo se quiere mostrar. Como comprenderás, no voy a ser yo quién desvele sus secretos, aunque sí te diré lo más especial de Poncho. Su paz se expande allá donde fija su atención (y su culo peludo). Poncho se ha transformado en este año, nos ha enseñado que cada relación necesita tiempo y dedicación, que no se puede aprender con prisas por más que se quiera. Nuestra relación siempre había sido distante o más bien diferente, siempre he querido saber cómo le gusta jugar, qué le gusta hacer, qué juguetes le gustan más… y no fue hasta que dejé te pretender y me paré a observar. A observar quién es, cómo es, cómo se comunica con Pecas y cómo lo hace con Abril, qué cosas tiene en común con cada una de ellas y por qué es (o parecía) tan independiente siempre. Entendí que una relación no necesita el apego, que la felicidad es libertad, espacio, tiempo y confianza. Gracias por la paciencia mi pequeño.

Abril es de las que está presente lo quieras o no. De las que te obliga a ponerte en movimiento para cambiar las cosas. Que te acepta si necesitas un descanso, te apoya y te acompaña siempre, pero sin perder el foco de atención ni la ‘chispa’. Hasta este año pensé que no nos entendíamos del todo bien, o mejor dicho (va a hablar el ego), pensaba que Abril no me entendía del todo bien. En este año transformador entendí que no me estaba enterando de nada. A Abril le van las rutinas, le gusta ‘hacer piña, Abril sabe con certeza que para cambiar las cosas hay que estar en movimiento y para conseguir lo que una quiere, hay que ser perseverante. Es la ilusión de las pequeñas cosas, le gusta avisar a todos cada vez que algo le gusta o le hace ilusión, le gusta que todos compartamos lo emocionante que tiene la vida.

A principio de año me marqué una palabra, esta fue expansión. Cuando me quedé con esta palabra tenía cosas en mente que querría conseguir a través de expandirme y ha sido totalmente diferente a lo que pude imaginar. Esta expansión me ha transformado, me ha hecho ver más allá de un cuerpo, una especie,  para entender el verdadero valor de los perros en nuestras vidas.
Este año, he vivido muy intenso con mis perros, Abril y Pecas se han convertido en ancianas casi de repente, Poncho ha renacido y es el jovenazo que siempre quise ver y no prestaba atención. Abril y Pecas nos han cambiado las rutinas de nuestra vida cotidiana y Poncho nos ha hecho ver que los cambios pueden ser fáciles si sabemos verlo así.
La vida, mi vida, con los perros, con nuestros perros, está en constante movimiento y creer que todo está claro es que en realidad no sabemos nada.

Este año, en mi vida, en mi trabajo, ha sido un remolino intenso de emociones, cambios y sentimientos. Ni me imaginaba que hoy podría conocer de este modo a mis perros, a mi familia.

Deseo que te sientas satisfecha con todo lo que has conseguido en este 2018. Todavía más, deseo que te sientas libre para expresarte y para conseguir todo aquello que te propongas aunque, de verdad, déjate sorprender y que la vida te guía por un camino que no pudiste jamás imaginar.

Feliz vida en este nuevo año 2019.

Gràcies Abri, gracias Pec, gràcies pochito. Vos estime infinit.

Elena Silla Tronchoni

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